20091007

5000


Vaya, cinco mil visitas... muchas gracias a quien se sienta con ganas de recibirlas.



A esto sólo me queda añadir un par de cosas...

- Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

José Espronceda, Canción del Pirata (fragmento)


- En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

Miguel de Cervantes, Don Quijote de La Mancha (fragmento)


- Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocerlos nuevos inventos.

Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad (fragmento)





Pues ale. en las diez mil nos vemos de nuevo...

Situacionistas y demás allegados.

Pensando con dedos hábiles


Nuevo intento por mover otro peón hacia delante, esto no es un juego pero a veces lo parece. Incrédulo, leo retornos a un nuevo estado de sensatez disfrazada. Parece que tengo que pagar un eterno diezmo por los errores que cometió otra persona en tiempos oscuros, tanto que me impiden ver con claridad dónde y cuando se cometieron los pecados.
Pero sigo adelante, ayer me despojé de los grilletes que durante más de un año me han tenido paseando mis cejas oblicuas por todo aquel que quisiera escuchar historias tristes... El experimento no salió del todo mal, lo suficiente cómo para advertirme que esas cejas deben quedarse quietas un poco más...
Una lluvia de dedos acusadores me han estado empapando en estos últimos tiempos aparentemente difíciles, el agua no es mala... esto es lo que no tienen en cuenta los que escupen sus reproches aunque siempre tiendo a pedir que lo hagan en mi cara, les invito a ello. Así podré ir despojándome de lastres que todavía me acompañan, no los necesito, son incómodos, el camino todavía es largo y quedan muchas cosas por hacer... por mucho que les joda a muchas muecas.
Hace unas semanas me decían que el presente se construye con retales del pasado, todo vale para componer el puzzle de cada persona y todo lo que uno ha hecho o dicho se acumula para luego hacer la santa suma cuyo resultado final será la persona a sacrificar. Esto me fue dicho después de mi defensa del ahora, pero no de ese ahora barato y facilón que invita a vivir cada día cómo si fuese el último. No, mi ahora se refería a la situación presente de las personas. El momento presente, el yo actual de cada uno es el que cuenta antes de que te apunten con la lámpara de interrogatorio en la cara. Aún así, mi mente permanecía clara. Desde un principio renuncié, y renuncio, a la verdad cómo poder absoluto, considero que no existe... que nadie la puede poseer aunque mucha gente se empeñe en perseguirla y hacerla suya llevándose por delante a quién sea necesario...
Mi eterna búsqueda de caras amables continua, si se tuerce el gesto necesito saber la razón y pregunto por ella.

He olvidado tantas cosas que ya no recuerdo las gilipolleces que cometía en el pasado, aunque existen heridas que todavía no han cicatrizado... hay algunas que si lo hacen yo mismo me encargaré de recordar para siempre, fueron errores que cambiaron el rumbo de mi vida para siempre.




.

20091002

Trayectos


- ¿ A dónde le llevo?
- A la calle Trafalgar número cinco, por favor.
- ¿Algún camino en particular?... puede usted elegir.
- Suelo bajar por María de Molina y acceder a Chamberí por García de Paredes, pero si tiene una sugerencia mejor... adelante.
- La tengo señora, si.
- No me llames de usted, por favor, que me hace sentir mayor. Pareces muy seguro y confiado...
- Es que lo estoy.

Diez minutos más tarde el taxi se detiene frente al número cinco.

- Vaya, pues tenías razón... hemos llegado en un momento, suelo tardar el doble.
- Gracias por la confianza.
- ¿Cuánto te debo?

El taxista recibe un billete que cubría bastante más de la deuda contraída por la joven que además, ,mientras lo doblaba, había depositado su tarjeta entre el pliegue formado cuidadosamente con sus finos dedos.

- Quédate el cambio, por favor.

Los ojos del taxista le sonrieron mientras le daba las gracias. Los mimos ojos que secuestraron la atracción de la joven desde el momento que sus miradas se encontraron. Sentía que la desnudaba cada vez que el taxista acompañaba sus palabras con los ojos clavados al retrovisor, sin aparente cuidado por el tráfico. De camino al segundo piso hacia su vivienda ella no sentía ningún reproche hacia sí misma por lo que había hecho, ni siquiera pensaba en qué él llamaría... pero lo deseaba.

Héctor no tiene instalado un gps en su taxi, tampoco lo necesita. Conoce Madrid entera como si toda ella fuera su barrio, un gran barrio compuesto por miles de calles, cientos de miles... conoce la gran mayoría. Hay clientes que se sorprenden, lo primero por la falta de ese gran invento de la humanidad que tanto anuncian los grandes almacenes, por cierto. Pero también se sorprenden por conocer calles que ningún otro taxista había conocido antes, otros se sorprenden porqué Héctor les descubre rutas a sus destinos que, cómo en el caso de la excitada señorita anterior, ni ellos mismos conocían... y además tardan mucho menos tiempo en llegar. Las propinas por tanto son considerables, además una amiga suya le diseñó una tarjeta con mucha clase aunque sólo la entrega si le preguntan. De esta manera Héctor ha ido acumulando una serie de clientes habituales... un gran número de clientes, muchos de los cuales son mujeres.
Héctor no para el bares de taxistas, sus amigos no son al mismo tiempo compañeros. Trabaja menos horas de las que suelen hacerlo los que si comparten el mismo diseño de su coche, gana lo suficiente cómo para vivir bien y se mantiene alejado de los bancos; es decir, de las deudas.

Pero todavía no conocemos el secreto de Héctor, porqué le van tan bien las cosas, porqué conoce tan bien la ciudad, porqué atrae tanto a las mujeres (y a algunos hombres).

Para conocerla tenemos que retroceder quince años en la historia personal de Héctor, comencemos el día en que cumplía 20 años. Aquel día recibió una llamada esperanzadora para su incipiente carrera cómo modelo. Su agente le anunciaba que debía hacer las maletas esa misma tarde y prepararse para volar a Milán la mañana siguiente. Encantado, Héctor, se puso en marcha en lo que significaría el comienzo de un largo ir y venir entre aeropuertos internacionales. Desfiles, portadas de revistas, campañas publicitarias... en fin, había triunfado. Este triunfo se trasladó al terreno sentimental, bueno no... fue más bien en el terreno sexual. Su precoz adoración hacia el sexo opuesto siempre fue correspondida, inexplicable y felizmente para él. Esta nueva ola de popularidad le garantizaba sexo allá donde fuese, aunque donde él disfrutaba más era en casa.
Poco a poco la frecuencia con que su agente le llamaba fue disminuyendo al mismo ritmo que pasaban los meses, los años...
Su carrera cómo modelo se había terminado, contado así parece algo trágico pero no en su caso. Había ganado mucho dinero y además seguía teniendo su agenda repleta de chicas dispuestas a pasar con él todas las noches que él quisiera.
Con un ático en el centro y una jugosa cuenta de banco a su disposición Héctor entró entonces en una espiral de gozo continuo que parecía no acabaría nunca. Pero lo hizo.
Demasiados viajes, demasiadas cenas con demasiadas chicas, demasiada droga y demasiado exceso... en fin, demasiado de todo.

Después de haber tocado fondo, Héctor estuvo muchos meses bastante mal. No encontraba sentido a la vida, no sabía que hacer para volver a ser feliz, en qué trabajaría.
... Cuando un buen día, lo vio todo claro...
Todas esas mujeres, ni las había contado. No podía hacerlo, incluso habiéndolo intentado después de tener esta "visión"... Todas esas mujeres, tantas... todas esas mujeres vivían en barrios muy dispares, en calles tan extrañas. Muchas veces le costaba encontrar el camino de vuelta a casa en su flamante deportivo. Tantos barrios, tantas calles... a veces sólo ellas sabían cómo llegar a aquellas calles impronunciables...

Por fin lo vio claro, sabía cómo saldría adelante...

Así es cómo Héctor decidió ser taxista. Pagó el coche y la licencia con el poco dinero que le quedaba en el banco y disfrutaba de su trabajo recordando en la mayoría de los trayectos las mujeres que vivían cerca, pensaba en ellas, en sus cuerpos desnudos esperándole, y en el resto de la noche... todas aquellas noches. Héctor disfrutaba si, Madrid entero estaba lleno de recuerdos y al conducir por ellos todos esos recuerdos se mantenían vivos...


Me gustaría pensar que sus trayectos iban aderezados con música cómo esta:




FB.

Un Situacionista


Hace unos días me contaron una historia buenísima y me gustaría compartirla con los pocos incautos que aun siguen pasándose por aquí...

Me hablaron de un tipo llamado Oscar Jiménez. Empezaron comentando su situación actual: no tiene trabajo, hace años que no hace la declaración de la renta, no tiene familia, no está casado y el hecho de haber pasado los cuarenta sumado a los ingredientes anteriores dan cómo resultado un plato que a nadie gusta. Ese nadie es, por supuesto, la sociedad... bueno, la gente que cree saber quién es. Le conocen, le han visto por la calle, pero nunca se han tomado una caña con él ni discutido la nueva política de fichajes del Real Madrid, por ejemplo.

Pero a pesar de todas estas aparentes adversidades Oscar es muy feliz. El señor Jiménez ha cursado varias carreras universitarias, varias de ellas al mismo tiempo. Pero nunca ha completado ninguna y por tanto no posee ningún título de grado superior, aunque atesora una cultura muy por encima de la media del profesorado universitario español. Porque además, desde que era niño nuestro personaje leía todo lo que se le ponía por delante.
Esta falta de titulación, para la administración es un simple graduado de COU, le permitió sumar muchos puntos que sumados a su falta de recursos económicos pronto le proporcionaron una coqueta vivienda de protección oficial en régimen de alquiler; además éste se vio reducido en gran medida por estar Oscar dado de alta en el Inem, en el paro.

Pero Oscar tiene comer cómo todo el mundo. La forma que tiene de conseguir sus ingresos fue lo que más me sorprendió de toda la conversación. Aprovecha al máximo toda esa sabiduría, que por cierto se encarga de mantener fresca cómo si de un hobby se tratase. Este tipo se dedica a suplantar personalidades para hacer exámenes de todo tipo, casi todos universitarios aunque también le divierte de vez en cuando "aceptar un trabajo" para alumnos de acceso a la universidad... las palabras del narrador todavía permanecían en el aire mientras empezaba a encajar piezas a velocidad de vértigo, ¿pudiera ser que el tipo que me ayudo en el examen de matemáticas fuese el "legendario" Oscar Jiménez?.
Mi cabeza empezó a dar vueltas y en seguida comprendí que si, era él... a medida que el narrador continuaba sus explicaciones las piezas iban encajando solas...
Recuerdo cómo aquel individuo, minutos antes de nuestro examen, explicaba con media sonrisa acompañando sus frases que venía a hacer el examen a un amigo... pero nos mostró con profesionalidad un carnet de la universidad falso con su foto... "tengo de otras" dijo, mientras su sonrisa se ensanchaba aún más. Pero también llevaba consigo una fotocopia de una denuncia ante la policía por la perdida de su dni... incrible!!! lo tenía todo calculado.

Por eso no dudé ni una sola palabra de lo que me estaban contando, Oscar tenía un auténtico negocio montado. Se anunciaba con discreción a través de internet y tenía hasta lista de espera ya que podía abordar casi cualquier examen con facilidad. Por supuesto sólo trabaja en las habituales citas de los exámenes universitarios, el resto de el tiempo lo dedicaba a disfrutar de la vida. A ello contribuía el bajísimo alquiler de su vivienda de protección oficial y los suculentos ingresos que le proporcionaban los benditos exámenes.
Siempre viajaba en las baratísimas temporadas bajas, siempre a lugares diferentes, siempre con una nueva acompañante, siempre intentaba que fuesen más jóvenes... este Oscar, claro! tanto trato con tanta universitaria... que cabronazo!

Antes de terminar quiero destacar, para el que no se haya dado cuenta, que estamos ante uno de los situacionistas más admirables que he tenido el placer de conocer. Si, Oscar Jiménez es un situacionista y creo que él lo sabe... aquella media sonrisa fue suficiente para reconocerlo.

Una canción dedicada a un tipo que hace lo que otros desearían:





Besos,

Facuando Bonilla.



20090927

Una foto


Me han robado mi foto. Yo tenía una foto esperando ser tomada en perfecta armonía con la imagen que reposaba en mi cabeza desde hacía semanas, meses.

Ando por la calle, escucho música. Veo algo interesante y entonces sin dudarlo el móvil aparece en mi mano dispuesto a hacer oficial el lugar de una futura foto, una gran foto... al menos eso espero. El móvil solo puede captar una pequeña parte de mis intenciones, suficiente para mi. A continuación nombro el archivo con la localización de esa foto que ya se está cocinando en mi cabeza. A veces son segundos, unos días, otras el cigarro de la mañana me ayuda recordar las modificaciones que me agradaron la noche anterior. La foto esta lista. En realidad queda un largo proceso para que esa foto pueda llegar a la pantalla de mi ordenador para ser modificada, lo menos posible por supuesto... no soy muy partidario de la excesiva modificación digital.
Ese proceso además implica a muchas personas, especialmente si se desea que la imagen que se tiene en mente quede plasmada en la cámara lo más fielmente y con la mayor calidad posible.

Desde hacía meses yo tenía una foto perfecta esperando ser tomada y ahora me la han robado... han destruido el escenario donde se iba a producir el mágico momento. Todos los días paseaba por delante de ella y me imaginaba cámara en mano disparando sin cesar, cómo hace años cuando empezaba a hacer fotos... ahora todo es más reposado porque todo está mucho más planificado. Veo la foto en mi cabeza antes de hacerla, por eso no necesito hacer más de ocho fotos de cada cambio... antes todo era mucho más anárquico.

La foto nunca llegará a la pantalla del ordenador con el que escribo esta queja, pero permanecerá en mi cabeza por muchos años... tengo la impresión que tardará demasiado en desaparecer por completo de mi memoria.

FB.

20090924

Bienvenida a Carmelo Camionero


Conocí a Carmelo hace ya unos cuantos años de una forma un tanto curiosa...

Un día cómo otro cualquiera, bueno cómo otro cualquiera no... me había fumado todas las reservas de petas y tenía la necesidad de adquirir cierta cantidad para pasar la semana con la sonrisa tonta incrustada en mi cara. Mi jornada giraba entonces en acometer esa tarea, pero el bar de siempre, el que no fallaba nunca, estaba cerrado... más bien clausurado. Con el día por delante tenía varias opciones para elegir, donde hay personas que venden y otras que compran, cómo el carrefur o el mercadona pero sin carritos...
Mi primera opción fue la plaza de Lavapiés. Una vez allí descarto la primera opción de la primera opción, esto es: un aparente transeúnte que se cruza en mi camino para ofrecerme costo. No fue por desconfianza, es que a mi me gusta hacer mis propias elecciones y no que me impongan las cosas porque sí. Tras un rápido vistazo decidí preguntar a un individuo que parecía podría satisfacer mis necesidades drogadictivas.
Comencé con un estúpido "¿Estás pasando petas?", a lo que el tipo, sin torcer el gesto, respondió "No, estoy pasando la frontera...". "¿Frontera?" pregunté incrédulo, "Sí, es que soy transportista. Voy a Francia". "¿Transportista?" incrédulo de nuevo... "Bueno, vale... soy camionero". Si amigos, era Carmelo Camionero.
Después de aquello entablamos una amena charla sentados en un banco al sol, cómo los lagartos (o cómo una par de ancianos, o viejos). Más tarde intercambiamos direcciones de correo electrónico, que es de lo más moderno que se puede hacer hoy en día.

Sin parar a reflexionar dónde había aparcado su camión Carmelo en plena plaza de Lavapiés (porqué es intrascendente para esta historia.... sino, lo contaba eh... que yo lo vi!) detengámonos sólo unos instantes en la palabra "transportista" y en cómo los camioneros la usan para tratar de esconder una profesión tan digna cómo las demás. Desconozco cuándo comenzó a usarse este seudo-eufemismo casero, pero intuyo que éste y "técnico de limpieza" nacieron en el mismo año.

Gilipolleces a parte, Carmelo no solo es camionero sino que ese es su apellido, "Camionero"... parecía estar predestinado a ello incluso desde antes de nacer. Cómo así lo estuvieron su padre, su abuelo, su bisabuelo y así, un largo camino de generaciones pasadas dedicadas al transporte.

Pero no se dejen engañar amigos, todas esas noches de soledad en la cabina de su camión de gran tonelaje le han brindado a nuestro nuevo amigo horas y horas de placentera lectura lo que le ha proporcionado una vasta cultura, a demás de dos licenciaturas (a distancia) y varios cursos de CCC.
Estoy seguro que todos, y yo el primero, disfrutaremos con sus aportaciones literarias, cuentos y demás historietas a este humilde (hasta ahora) espacio en linea.

Bienvenido Carmelo.

Creo que todos estaréis de acuerdo en que no hay mejor despedida musical que esta (aunque por otro lado... menos mal que dura poco, lo siento Carmelo... se que es tu canción fetiche pero no soporto a este tío)
Aquí va:




Don Facundo


20090923

MUSICACIONISMO - "A Place to Bury Strangers - Exploding Head"


The 80's are definitely over (finally), that's a fact and I'm so happy I can't find the right words to express it. Anyway, while the awful trend was slowly dying there were emerging a bunch of bands with a very nice sound that I am not gonna try to tag.
No more tagging please, just listen to the fucking music... is not much to ask. People like to talk about music and sometimes they don't event have heard a song!

I'd like to introduce to you this amazing band call "A Palce to Bury Stragers" whitch sound I don't even dare to tag, because I dont even know... I'm not an expert, I dont own "Convers All Star", I'm not cool enough so I'm not allow to make the fucking call. I don't even want to anyway, I just like to listen to it. They have an amazing kick-ass sound throught the whole album at some point reaching some of the best music I've ever heard... seriously. You can't miss this album. Here's an example:





A Place to Bury Strangers - Exploding Head

If you want to listen to it here is the link

Enjoy!



Pretentiously yours:

Facundo Bonilla


20090922

El dilema


El hombre y el adolescente entran en el ascensor y el más joven pulsa el botón número tres, después el hombre, sin razón aparente, recuerda las ocasiones en que había fallado la maquinaria. La estúpida sonrisa que desdibuja su cara delataba su intento de hacerse el gracioso, no lo había conseguido. No conocía muy bien al chico y pretendía que en la ascensión no reinase un incómodo silencio, incómodo para él. El adolescente hubiese preferido una pregunta antes que aquella gilipollez pero el silencio nunca hubiese sido incómodo, él se encontraba bien... relajado.

Se abrieron las puertas con cierta dificultad y los recibió un llamativo papel de pared. El hombre entró primero anunciando la llegada de ambos con un "ya estamos aquí" demasiado contundente, a pesar de lo cual nadie los recibió. Siguieron andando hacia una amplia sala donde les esperaba la desproporcionada sonrisa de la mujer que estaba sentada junto a una mesa hacinada por libros y cuadernos. Ella se levantó y saludó como corresponde a cada uno, después siguió con su tarea.

Mientras el hombre le acompañaba hacia la habitación de invitados el ojo curioso del adolescente se lanzó en picado hacia el libro más grande sobre la mesa, se trataba de una enciclopedia, cuya página se encontraba abierta por una majestuosa litografía de El Quijote seguida de su biografía.
En aquel camino interminable el joven trataba de comprender los motivos que podían llevar a una mujer adulta a estar haciendo lo que parecía que hacía, su experiencia académica era muy limitada pero lo suficiente como para reconocer lo que en ese salón estaba sucediendo. La mujer estaba haciendo un trabajo sobre El Quijote. El adolescente no tenía duda, pero no comprendía porqué. No conocía a ninguno de los dos lo suficiente cómo para preguntar directamente, tendría entonces que tratar de averiguarlo en la comida pues no estaba en sus planes pasar la noche allí. Lo que en un principio parecía una comida de compromiso se había convertido de repente en un reto no demasiado estimulante pero lo necesario cómo para mantener su mente despierta durante las horas que estuviese en aquella casa.

Por supuesto lo primero que pensó es que la mujer fuese estudiante, hay muchas personas que ocupan su tiempo libre a cultivar su mente. Incluso los informativos de Antena tres dedican un buen rato de su valioso tiempo para entrevistar a entrañables ancianos que han llegado a tener una docena de carreras... o incluso más, todo sea por la noticia!
Decidido a descubrir "su misterio", el adolescente se puso la careta de simpático para acercarse más al lugar de los hechos. Con el pretexto de ser un chico educado, parece ser que esta muy de moda, se acercó a intercambiar impresiones sobre el color de las cortinas. Mientras resaltaba lo acertado de su elección, consiguió dos cosas: una; que la mujer dirigiese su orgullosa mirada hacia las espantosas colgaduras; y dos, que de esta forma tuviese un valioso tiempo para poder observar con más detenimiento el contenido de la mesa.
Una estrategia perfecta. En la mesa, que en aquel primer vistazo le pareció repleta de documentos y demás utensilios para el aprendizaje, sólo había un cuaderno, infinidad de folios y la enciclopedia que pudo cazar de camino a la habitación que le habían acondicionado.
Echo de menos libros de texto u otra clase de libros que tratasen sobre el personaje creado por Cervantes... pero nada. No había nada de aquello, por lo tanto la primera opción, la más clara quedó descartada; los bolígrafos y lapiceros que de repente llamaron su atención no mejoraron en absoluto la situación.
Pronto se quedó sin recursos y, procurando esconder la sonrisa falsa que enmarcaba su cara, se retiró con una absurda disculpa.

Se encontraba sentado al borde de la firme cama para invitados con los codos clavados en sendas rodillas y la barbilla reposando sobre las palmas de sus manos. Su gesto permanecía incómodo, la mente en blanco. Por momentos trataba de no darle importancia al asunto... "quizá le apeteciese saber más de la figura del personaje" se decía a sí mismo al tiempo que abría las piernas desbaratando el castillo de naipes formado por su figura que ahora se trasformaba pasando a una de sumisión y derrota, el pelo cubría su cara que permanecía a la altura de las rodillas mientras se frotaba la nuca en busca de respuestas... pero no llegaban.

Por fin llega la hora de la comida, es la hora de descubrir la verdad...






FB


20090914

Se acabó el verano


Dos noches seguidas pasando frío me avisan, el verano se acaba... un año más. Este, por suerte, lo pude disfrutar mucho más que el anterior, aunque los sucesivos jamás serán cómo los que precedieron a las sombras de aquel verano al que me refería antes.

El otoño llega pegando codazos este año, pero sigo pensando en los veranos... muy poco en los vividos pues difícilmente se aproximaran a los que que venideros. Mi mente sigue en blanco cuando intento adivinar cómo serán. En cualquier caso vacaciones no siempre es sinónimo de verano, es más para mi casi nunca lo fue. Me encantaba desaparecer en noviembre y escapar a otras latitudes, descubrir otras culturas, aprender de ellas y regresar cargado de historias para escupirlas en cuanto se presentase la ocasión. Ya he mencionado en este espacio mi necesidad absurda de contar historias, de sentirme protagonista... aunque he de decir que esta realidad se va mitigando con el tiempo. No se que me pasa pero tengo la extraña sensación de callar más y hablar sólo cuando se me pregunta. Yo mismo me sorprendo cuando me veo en estas situaciones.

Pienso en esas escapadas no veraniegas, en las que tenía pensadas, mochila al hombro, y cómo una extraña sensación de tristeza inunda mi cuerpo... si, mi cuerpo entero. Con gran pesar me rindo ante la idea de que no podré hacer ese tipo de viajes nunca más, aunque por otro lado hace un año pensaba que nunca dispararía mi cámara nunca más... y, por ejemplo, este otoño se presenta "movidito" fotográficamente hablando.
Son muchos los países que seseo visitar, muchas las fotos que seguro captaría... aunque una terrible certeza lleva demasiado tiempo sobre mi cabeza, recordándome que se acabó viajar haciendo fotos con la vieja cámara manual, en plan guay. Ahora me las tendré que apañar con un buen modelo de compacta, uno que me permita controlar todos los aspectos técnicos de la fotografía... de otro modo no podré hacerlo.

Pero, después de este verano, me resisto a no disfrutar de unos días de mar en los meses en que en calor más aprieta. Al igual que en los momentos en los que el visor esta cerca de mi ojo, este verano en remojo me ha hecho olvidar los dolores que a veces se acentúan de tal forma que tengo que detener mi marcha... y esto no es ninguna metáfora barata de las mías. Literalmente, algunas veces ese dolor crónico mío me dice "párate o no respondo" y bajando la cabeza, sumiso cómo nunca he sido, me detengo hasta que ese dolor tiende a mitigar su control sobre mi. A veces trato de enfrentarme a él: subo la barbilla a lo más alto, aprieto los dientes y continuo mi marcha con paso firme a donde quiera que me dirigiese... pero es entonces cuando el dolor se enfada y arremete con mayor violencia... buff, son momentos difíciles, aunque yo no puedo dar mi brazo a torcer (nunca mejor dicho) ... aprieto más aún los dientes, acelero el paso e intento pensar en momentos agradables que siempre me acompañarán...

En fin, este ha sido un gran verano... no solo estoy orgulloso de mi mano destrozada por las rocas y mi insensatez. También lo estoy por haber descubierto otra forma de burlar al dolor disfrutando con algo que me apasiona... ya van tres:
El sexo, la fotografía y el buceo... y sigo buscando...

FB.

20090908

Visto para sentencia


Con la venia de su señoría, pido permiso para dejar un olor raro en mis pantalones pues es la primera vez que me encuentro en una de estas situaciones.

Estoy frente a una jueza de ojos tranquilos, dejó los cincuenta hace años con bastante serenidad. Su voz es firme y su proceder metódico. A la izquierda, el fiscal. Mirada de tiburón por encima de sus gafas de vista cansada, su rictus incómodo escupe a la sala la desagradable sensación de no recordar la última vez que sonrió. A mi derecha, la abogada... de oficio. Las palabras que más me ha repetido en nuestros escasos encuentros han sido "no te preocupes"... pero si lo hago.

"No te preocupes"... pues no lo estaba, es más lo tenía todo bajo control. Qué decir, cómo decirlo y cuándo. Toda una serie de pequeños discursos estudiados y repasados una y otra vez en mi cabeza... "no debo preocuparme, hablo por los codos... esto no será complicado"
De pié con el micro en mi barbilla, el anterior ACUSADO era además, bajito... que putada!, ¿no? Mis ojos se encuentran con los de la juez y tras reconocer los hechos es turno del ministerio fiscal de proceder con sus incisivas preguntas...
Mi boca pastosa parece no responder, mis respuestas no responden a lo acordado conmigo mismo tantas veces... los nervios me están traicionando y todo pasa tan deprisa que ni siquiera me estoy dando cuenta. Otra pregunta y otra... me llegan como puñetazos y yo las recibo como el púgil que intenta salir de entre las cuerdas. ¿Que me pasa?... Ya pasó el aluvión de golpes del fiscal. Mi abogada trata de calmarme con preguntas benévolas, pero mi proceder sigue siendo torpe... las palabras no fluyen cómo yo había planeado.
Al terminar, la jueza me invita a sentarme y por el camino no dejo de dedicarme toda serie de improperios... lo tengo merecido. Aunque una vez sentado, y tras lanzar un suspiro de alivio, la de oficio me mira transmitiéndome serenidad, asintiendo con un leve gesto de sus ojos aprueba mi lamentable actuación.

La vista prosigue. Todos los testigos han acudido a la cita y la declaración de alguno de ellos favorece mis intereses a pesar de las negativas expectativas. Por supuesto los policías van a por mi cuello desde el principio y el fiscal se relame haciéndoles preguntas cuyas respuestas ya conoce. Con el resto de testigos mantiene su actitud irreverente y en algunas ocasiones la juez se ve obligada a intervenir, haciéndole callar incluso... Son los momentos en que más disfruto, una amplia sonrisa transforma mi anterior mueca petrificada.
Es turno para la abogada. Cuándo la conocí me pareció que sabía de lo que estaba hablando en todo momento y empezó a demostrarlo con preguntas que no estaban en nuestro guión, improvisando uno nuevo que parecía ir escribiéndose con final Hoolywoodiense.

"El fiscal es un infeliz, hijo de puta y un mal nacido!!!" quise decir cuándo la juez me pregunto si deseaba añadir algo más. Pero me limité a responder que no con la cabeza mirándome los pies... sin comentarios!
"Visto para sentencia, ahora solo queda esperar"... me lamenté por mi actuación ante mi abogada y la felicité por un par de preguntas que se sacó de la manga como el mejor de los tramposos jugadores de poker. "Muchas gracias" dijo mi sonrisa... ella solo respondió... "no te preocupes"...




Creo que este tema va bien hoy...




Señor Bonilla

20090903

28 de agosto



Veintiocho de agosto, el avión por fin pone rumbo hacia el sol. La cabina esta casi a oscuras y decido encender la escasa luz que se ofrece individualmente, suficiente para echar un vistazo a mis manos. Ahora, las dos descansan pero días atrás la actividad fue vibrante. Al permanecer las dos en reposo, y gracias a la escasa luz, no parece haber grandes diferencias entre ambas... pero las hay. Una esta inerte, la otra reposa del castigo que ha disfrutado durante más de una semana.

Es un vuelo breve y el piloto decide iluminar por completo a los pasajeros que, en su mayoría, vuelven a sus rutinas. Por fin mis ojos comienzan a procesar toda la información; la mano izquierda, inmóvil, es la misma que llegó en otro avión cuyo trayecto es contrario al que me dispongo a realizar. La otra, la derecha, llama la atención al instante por sus múltiples cortes, rozaduras y moretones; giro la mano y el panorama no mejora ... aunque en menor cantidad, los daños son considerables.

Sonrío al comprobar el estado de cada una de las heridas, me detengo en cada una de ellas tratando de recordar en que momento sucedió cada incidente. Tardo un rato en hacer el recorrido aunque me salto algunos cortes menores, la sonrisa me acompaña siempre. En algunos momentos se me escapa una pequeña carcajada que intento suavizar con la propia mano herida, nadie parece darse cuenta de mi entretenimiento... tampoco presto mucha atención.




Me encuentro a ocho metros de profundidad después de un gran esfuerzo para bajar y paliar los efectos de la presión al mismo tiempo. Mi mano izquierda se encuentra pegada a mi pecho, la derecha metida entre dos rocas ... saludando a un pulpo que por un descuido se dejó ver. Sus tentáculos intentan expulsar mi mano de allí, se ayuda de piedras y conchas. Necesito aire, dejo al pulpo en una ascensión desesperada en busca de la gran bocanada de aire que llegará a mis pulmones... el camino se hace interminable, ¿porqué habré apurado tanto?
Tras unos segundos recuperando el aliento lo intento de nuevo, esta vez me propongo emplear menos tiempo en bajar. Lo consigo. Mi mano de nuevo incordiando al pobre animal, en realidad no quiero hacerle daño pero eso él no lo sabe y me recibe con una bonita nube de tinta. Pero permanece allí, al igual que yo... solo han pasado unos segundos. Introduzco la mano un poco mas dentro, siento como la piedra castiga mi piel. El pulpo se ve acorralado y decide salir de la cueva... justo lo que yo quería. Sale, sus ojos se enfadan y su cuerpo se multiplica exigiendo respeto... no lo encuentra esta vez aunque empiezo a sentir la necesidad de respirar de nuevo. La adrenalina me impide subir los eternos ocho metros hacia el aire del Mediterráneo. Me acerco a él con la mano por delante, mi intención es cogerlo y que él se agarre a mi con sus tentáculos... justo cuando voy a alargar la mano comienza a moverse en lo alto de la roca y observo que algunas patas están cortadas, en ese instante, inexplicablemente, y sin pensarlo mis piernas comienzan a aletear buscando ese aire que ya necesitaba con urgencia.







Mesa plegada, cinturón abrochado y respaldo del asiento en posición vertical. En este estado he permanecido desde que me senté hace ya un rato en el asiento que me correspondía, no quiero que ninguna azafata o azafato me perdonen la vida con su mirada asesina mientras me pide que lo haga con esa sonrisa falsa. Además, lo más importante es que no distraigan la atención que monopoliza mi mano, la sigo observando con cuidado... algunos cortes son recientes, aunque ya no sangran.





Llegamos a la Isla del Toro y aquello parecía una plaza municipal en su reparto anual de sardinas gratuitas... buff! Decididos a bucear en esa zona aseguramos el barco lanzando el ancla en una buena zona. Los minutos pasan más lentos que antaño en el largo proceso de preparación antes de una inmersión. Me ayuda mi primo Manuel quién, además, se ha ocupado de las botellas y demás necesidades técnicas. Sin él hubiese sido imposible disfrutar tanto.
Ya estoy en el agua, espero a que mi hermano y él se preparen mientras contemplo un gran banco de peces negros, son pequeños pero están por todas partes; cientos, miles...
Iniciamos el descenso, nos detenemos en el visible cambio de temperatura que nos esperaba al llegar a los treinta metros... subimos hasta los veinticinco para que la experiencia no resulte desagradable pues no íbamos preparados para las gélidas aguas de las profundidades. Pronto nos encontramos con otros buceadores a los que saludamos como corresponde ("¿todo bien?"; "si, todo bien", un simple gesto de "ok" con la mano significa ambas cosas). Seguidamente nos acercamos a unos cuantos meros de gran tamaño, nunca los había visto tan grandes. Disfrutamos de su majestuosidad hasta que un extraño pez roba mi atención y me rapta embobado por su cercana confianza hacia aguas menos profundas. Se acerca hacia mi, extiendo mi mano con la intención de acariciarlo como si fuera un mamífero. No parece importarle, aparentemente quiere recibir ese afecto por mi parte, adivinando que no hay peligro... se acerca cada vez más a mi. Puedo ver sus ojos alegres y expresivos que me animan a tocarlo... mi mano navega despacio en busca del contacto, despacio, sí, quizá sospechando de los afilados colmillos que exhibe el nuevo amigo. Estoy a punto de hacerlo, casi lo estoy rozando en el momento en que un buceador se interpone en mi camino ingrávido y comienza a increparme indignado por motivos que desconocía. Aparentemente mi aleta derecha estaba rozando unas pequeñas algas que crecían en lo alto de una roca... Le señalo a mi amigo haciéndole ver que tengo cosas más importantes que hacer que atender a sus estúpidas reprimendas... pero mi dedo apunta al infinito, el extraño pez se ha ido... Será gilipollas el tio!!!







El trayecto ha sido corto, ya estoy en Madrid. Mi mano todavía sigue igual, es decir... llena de cortes y demás desperfectos, parece querer volver a la Isla. Seguir en el agua, regalarme días sin dolor, días de mar, en el agua...



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